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| Patrimonio Artístico |
- Iglesia de San
Bartolomé
- Iglesia de Santa
Catalina
- Ermita de Nuesta
Señora del Socorro
- Ermita de Nuesta
Señora del Loreto
- Arquitectura
Doméstica
Está situada al N del casco urbano, no lejos de la parroquia de Santa Catalina (ver Miguel Pérez Reviriego. "La iglesia parroquial de Santa Catalina de Higuera la Real". Revista de Ferias, Higuera la Real, 1987). Fue iglesia del Colegio de Jesuitas, hoy desaparecido, fundado en 1666 por don Francisco Fernández Dávila (1605-1673), aplicando para su mantenimiento 66.000 pesos de plata doble. Sus restos, junto a los de su esposa e hija, descansan en el templo, según señala la inscripción de su lauda sepulcral situada en el presbiterio:
ESTA CAPILLA Y ENTIERRO ES DE LOS SEÑORES D. FRANCISCO FERNANDEZ DAVILA CABALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO Y DE DOÑA LVISA FERNANDEZ DE CORDOVA MARQVESA DE ARCICOLLAR SV MVGER FUNDADORES DESTE COLEGIO DE SAN BARTOLOME APOSTOL DE LA COMPAÑIA DE JHS. Y DE LA SEÑORA MARQUESA DE ARCICOLLAR Y BALDES SV IJA PATRONA DEL COLEGIO A. MDCLXXXVII.
"Extinguidos los jesuitas" -escribe Madoz- "recibió esta iglesia el título de real, colocándose las armas de España sobre sus puertas principales y se hizo auxiliar de la parroquia".
El templo, de fábrica barroca, responde en planta y alzado a la tipología de la iglesia jesuítica, de obra de mampostería con verdugadas de ladrillo. La sillería aparece en la base y en las esquinas.
La portada de los pies, procedente de Jerez de los Caballeros, es de arco carpanel y muy plano, flanqueado por columnas sobre podio y entablamento, todo muy ornamentado. A ambos lados se disponen sendos medallones con las figuras de San Pedro y San Pablo.
La del lado de la epístola presenta un vano de ingreso adintelado flanqueado por pilastras de poco resalte sobre podio y entablamento con triglofos y metopas, rematado en los extremos por pirámide y bola, sobre el que se encuentra una espadaña de ladrillo con dos vanos de medio punto para las campanas.
El interior es de una nave rectangular -35 metros de longitud y 8 de anchura - cubierta con bóveda de cañón con lunetos, separándose los tramos por fajones sobre pilastras. En los laterales se disponen las capillas con arco de medio punto en los vanos de acceso. Sobre ellas se levantan doce tribunas con barandillas de hierro forjado, a modo de celosías, desde las que los miembros de la Compañía asistían a los actos religiosos.
La cubierta del crucero es de cúpula sobre pechinas decoradas con motivos heráldicos.
La capilla mayor es de planta rectangular, abierta a través de un arco triunfal de medio punto. El retablo, de arquitectura barroca, se compone de banco, dos cuerpos, tres calles flanqueadas por columnas salomónicas y remate semicircular. Distribuidas por el retablo se encuentran varias imágenes de madera policromada del sigloXVIII, de buena factura. Del lado de la epístola se encuentra otro retablo barroco, sin dorar, del siglo XVII. En el costado del evangelio existe otro, de madera dorada, fechado en 1739. En él se encuentra la imagen del Cristo de la Humildad, patrón de la villa, realizada en 1533, venerada hasta el siglo XVIII en la desaparecida ermita de San Bartolomé, en el camino de Fregenal. En 1677 don Tomás García de Cárdenas ordena se apliquen los réditos anuales de 1.000 pesos impuestos censo, así como otra cantidad para costear "una casulla y frontal de raso morado para la ermita de San Bartolomé, en la que está colocado el Santo Cristo de la Humildad".
A los pies se encuentra el coro, sobre arco de medio punto y balaustrada a la nave. E1 órgano fue construido en 1844 por un importe de 22.000 reales.
Se encuentra en el presbiterio una lámpara de plata donada en 1680 por doña Luisa Fernández de Córdova. Tiene la siguiente inscripción:
ESTA LAMPARA Y LA CUSTODIA QUE ESTA EN ESTA IGLESIA DIO POR SV DEBOCION AL SANTO XRISPTO DE LA YGERA LA SRA. DÑA. LUISA FDEZ DE CORDOVA VIUDA DEL SR. D. FRANCISCO DE ABILA CABALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO FUNDADOR DESTE COLEGIO ANO DE 1680.
Hay otra lámpara donada en 1682 por doña María Fernández de Córdova, hermana de la anterior, con la inscripción:
DIO ESTA LAMPARA DOÑA MARIA F DE CORDOVA ERMANA DEL MARQUES DE GVADALCACAR Y DE LA FUNDADORA.
BREVE RESUMEN DE LA HISTORIA DEL TEMPLO DE SAN BARTOLOMÉ DE HIGUERA LA REAL, DONDE SE VENERA LA IMAGEN DE NTRO. PADRE JESÚS DE LA HUMILDAD
La Iglesia de S. Bartolomé fue mandada construir por D. Francisco Fernández Dávila, Caballero de la Orden de Santiago, en claúsula del testamento que otorgó y en la que relata que en el año 1631 cuando navegaba del Puerto de Callao al de Perico de la ciudad de Panamá naufragó la nave Almirante en la que iba embarcado llevando gran cantidad de plata, por lo que hizo una promesa al Señor de la Humildad de que si ésta no peligrase y salvara su vida le construiría una iglesia y fundaría un Colegio de Padres de la Compañía de Jesús para la enseñanza de los niños, hijos de vecinos de la Villa de Higuera la Real y demás lugares comarcanos a ella. Salvado del naufragio y conservados sus caudales se llevó a efectos su cumplimiento.
La Iglesia empezó a construirse sobre los años 1633, desconociéndose la fecha exacta de su consagración, pero todo hace suponer que a la muerte de su fundador ocurrida en 1673, estaba totalmente terminada, así como el colegio anejo de Padres Jesuitas.
El templo de impecable Cruz Latina, con monumental cúpula fundamentada directamente sobre cuatro pilastras de orden Dórico, todo lo cual comporta un conjunto en perfecto equilibrio entre el “último Renacimiento” y el “primer Barroco”.
La portada principal, realizada en Jerez de los Caballeros, es de estilo Plateresco, compuesta de arco rebajado, con los bustos en alto relieve de S. Bartolomé en la clave y de S. Pedro y S. Pablo a los lados, que flanquean columnas adornadas de grutescos, con capiteles corintios y friso adornado con escudos.
El altar mayor está en perfecta línea con el conjunto del templo. Un fondo medio plateresco al que se incorporará, con gran acierto, elementos armónicos de incipiente barroquismo. En él se venera, en su hornacina central, a S. Bartolomé, a quien está dedicada la Iglesia.
Dos retablos laterales de gran belleza, dan al templo un innegable valor artístico. En el de la derecha se da culto a la imagen de Ntro. Padre Jesús, el Señor de la Humildad, patrón de nuestro pueblo y centro de la devoción popular. El de la izquierda está dedicado al fundador de la orden de Jesuitas, S. Ignacio de Loyola, flanqueado por S. Francisco Javier y S. Francisco de Borja. Este retablo es de un depurado churrigueresco y aún estando sin dorar es de una gran hermosura.
La Iglesia tiene doce bonitas tribunas distribuidas en recíproca correspondencia por todo su ámbito, con su balcón de hierro cada una.
Posee un órgano en un muy buen estado de conservación que data del año 1814.
La sacristía a espalda del altar mayor, es una pieza muy espaciosa y se conserva en ella una hermosa piedra de jaspe de color azul muy oscuro, donada en 1808 por el canónigo de la colegiata del Salvador de la ciudad de Sevilla, D. Juan Xestrero y Torrado.
Dentro del apartado de la orfebrería, la Iglesia guarda una magnífica colección de piezas de plata. Destacan la custodia, un cáliz, candelabros y atriles y dos lámparas donadas, una por la esposa de D. Francisco Fernández Dávila y la otra por su hermana. Cabe destacar la corona de espinas y las potencias de la imagen del Señor de la Humildad de gran valor artístico.
Extinguido los Jesuitas, recibió esta iglesia, el título de Real, colocándose las armas de España sobre sus puertas principales y se hizo auxiliar de la Parroquia.
Con el paso de los años, el claustro del convento se ha ido deteriorando de tal forma que hasta hace muy pocos años estaba en ruinas. Actualmente se está procediendo a su rehabilitación por parte del Programa del Instituto Nacional de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, con la financiación del plan INTERREG promovido por la Diputación Provincial, habiéndose recuperado gran parte del mismo.
El retablo que ocupa la cabecera del templo es un conjunto de dos cuerpos y un ático que se asienta sobre su correspondiente banco y cuya ordenación es la típica de los retablos sevillanos del segundo tercio de siglo XVII.
La Historia de este retablo comienza en 1626 con unos acuerdos del pueblo de Higuera, referentes al deseo de dotar a su parroquia de un nuevo retablo mayor. A ello siguió el concierto efectuado con Diego de Urbino el cual se comprometía a realizar la obra de madera, dorado y estofado del retablo.
La obra pictórica sería hecha por el pintor sevillano Jerónimo Ramírez. La temática de sus pinturas, ejecutadas al óleo sobre lienzo, están dedicadas a Santa Catalina, a excepción del cuadro central del segundo cuerpo, que representa la Asunción de la Virgen, así como las pinturas del ático que son copias deciminónicas de obras del Greco y de Velázquez.
Su distribución es la siguiente: en el primer cuerpo: "la aparición de Cristo a Sta. Catalina", "el martirio de la rueda dentada" "La degollación de la Santa y el transporte de su cadáver al Sinaí", en el segundo cuerpo: dos escenas referentes a la conversión de la mártir una de éstas en éxtasis y a la visita de la Emperatriz a la cárcel.
Aparte hay que señalar el medio punto rebajado que corona el ático con un Padre Eterno y las pinturas del banco que, alternadamente, representan a los cuatro Evangelistas y a los cuatro Padres de la Iglesia.
Entre los lienzos centrales del segundo cuerpo y el ático hay una cartela sobrepuesta con la inscripción: "Se hizo de limosnas el año 1641 y se restauró el año 1890".
Los lienzos sobre la vida de la santa son una de las mejores muestras de la producción de Jerónimo Ramírez, dignas de conservar y si se puede de una posible restauración que le devuelva su colorido.
Del lado de la Epístola, se encuentra un importante retablo, obra de Luis de Morales, conocido con el sobrenombre de "El Divino", pintor representado en las principales pinacotecas del mundo. Estas tablas fueron pintadas en su etapa de madurez, en un plazo de unos ocho meses aproximadamente, entre 1.565 y 1.566, por encargo del clérigo Ginés Martínez para la capilla que había fundado unos años antes bajo la advocación de la Pasión del Señor, y que fueron colgadas en su lugar actual después de la restauración de la Parroquia, tras sufrir grandes avatares y haberse encontrado varias veces en venta. Las tablas las preparó Jerónimo de Valencia, el escultor de la sillería del coro de la catedral de Badajoz, y se pagaron por ellas 170 ducados. Ginés Martínez puso como condición que tanto los rostros como las manos de las figuras fueran obra del maestro, lo que confirma la existencia de un taller del que salían obras en serie, como es éste el caso. Se compone de seis tablas con el tema de la Pasión, reflejada con una clara estética manierista, con personajes en posturas marcadamente afectadas, y envueltos en una atmósfera oscura y patética : San Juan Evangelista, Piedad, María Magdalena, Cristo atado a la columna, Ecce Homo y Cristo con la cruz a cuestas. Los dos más pequeños, San Juan y la Magdalena, se añadieron con posterioridad, puesto que, en principio, el retablo debía constar de cuatro cuadros. Esta obra fue restaurada con éxito por el artista D. Julián Jiménez en 1.882, y su estado de conservación actual recomendaba una nueva restauración.
Situada en la plaza de su nombre, presenta fábrica de mampostería enlucida y encalada. La portada principal tiene arco apuntado encuadrado por un alfiz. Corona la fachada una espadaña con un vano de medio punto.
El interior es de una nave de cuatro tramos cubiertos con bóveda de cañón reforzada por fajones y contrafuertes exteriores de sección rectangular. La capilla mayor, de planta cuadrada, se cierra con cúpula manifiesta al exterior por un cimborrio con linterna. Alberga la imagen de la titular, de madera polieromada, de discreta factura. A los pies, del lado de la epístola, se encuentra un capitel romano que, ahuecado, sirve de pila de agua bendita.
Al extremo de la población se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Loreto, fundada por la Orden del Temple a finales del siglo XIII. Frente a ella se encuentra una escultura en piedra de tipología medieval (siglos XIII-XIV), conocida popularmente como "La Mamarracha". Los investigadores locales la consideran anterior, "joya arqueológica" -escribe M. R. Preyeso- "propia y típica de la dominación romana", procedente de Nertóbriga u otro yacimiento próximo. Representa a un león alado y debajo una figura humana. El tratamiento técnico de crines y alas en bloques independientes da a la obra un sentido orientalizante. Remata el conjunto una Cruz de Santiago, de hierro forjado, de factura posterior.
El edificio está construido de mampostería enlucida y encalada. La sillería se emplea en las esquinas y en los contrafuertes, de sección rectangular.
A mediados del siglo XVI (1554) se realizan obras de remodelación que afectan sustancialmente a los volúmenes y aspecto interior del templo. De la fábrica original se conservan las tres portadas y la capilla mayor, cuadrada, de menor anchura, cubierta con sencilla bóveda de crucería. El arco toral es apuntado.
La portada de los pies es de arco apuntado con arquivoltas y jambas, enmarcada en un alfiz. La última arquivolta da lugar a un arco conopial rematado por una cruz. Corona la fachada un cuerpo de campanas con un vano de medio punto en cada lado, sobre el que aparece un chapitel poligonal de mampostería cubierto por azulejos.
La del lado del evangelio, de arquitectura protogótica, es de arco apuntado con arquivoltas y jambas, enmarcada en un alfiz. Del lado de la epístola se encuentra otra portada, cegada, de arco carpanel.
El interior es de una nave de cinco tramos con arcos fajones sobre pilastras y bóveda de cañón, restaurado, según inscripción, en 1957: SE RESTAURÓ ESTA ERMITA CON LIMOSNAS DE LOS FIELES DEL AÑO 1957 SIENDO MAYORDOMO D. MANUEL DOMINGUEZ RASERO.
En la capilla mayor se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Loreto, de factura moderna.
Se conserva en la ermita una lámpara de plata con la inscripción:
DIOME BLAS RAMOS PARA NVESTRA SEÑORA DE LOETO HVNTO A LA IGVERA DE FREXENAL AÑO 1590.
Nuestro pueblo es uno de los que constituyen la llamada Ruta de Pueblos Blancos extremeños. Hermosas fachadas encaladas y señoriales casas antiguas embellecen calles que rezuman historia y sabor popular de un pueblo con un rico pasado histórico-cultural a sus espaldas y conservado patrimonio artístico. La localidad cuenta aún con numerosas casas que datan de años ancestrales y que heredadas de abuelos a nietos han sabido conservar lo más peculiar y característico de su arquitectura, auténticos museos que bien podríamos considerar hermosas reliquias.
A su perfecto mantenimiento y conservación contribuy en unos propietarios afanados en perpetuar el encanto de sus casas tal como en su día lo hicieran sus antepasados. Ardua tarea que supone un elevado coste económico y constante dedicación pero que sin duda alguna merece la pena, convirtiéndolas en auténticas obras de arte . Corredores repletos de flores, molduras decorativas enmarcando puertas y ventanas, pisos de mosaicos de gran colorido que semejan hermosas alfombras, techos a base de tejas...arquitectura y ambiente de antaño que nos hacen sentir a la antigua y revelan un pasado arquitectónico inigualable.
Bóvedas con hermosas pinturas que ilustran cortijos heredados; ángeles que parecen transmitir serenidad , observando el trasiego hogareño desde lo alto; dioses del Olimpo presidiendo reuniones familiares, acompañados de escrituras que nos remiten a la cultura grecolatina y recuerdan las virtudes que han de primar en todo ser humano; detalles que conjugan el ambiente de antaño, la sencillez de la vida de pueblo, las costumbres ya olvidadas y la presencia abundante de la Naturaleza que prevalecía entonces... pinturas sin duda hechas por maestros del arte y cuyo valor hoy es incalculable.
Las más antiguas y tradicionales son de una sola planta con un hermoso patio de luz en el centro en torno al cual ,rodeándolo , se ubican todas las habitaciones a modo de atrio de las casas de la antigua Roma. Sus gruesas paredes y enormes muros contribuyen a mantener la temperatura todo el año , por lo que la estancia en ellas durante el verano resulta sumamente agradable.
Aún conservan muchas de ellas las espaciosas cuadras o caballerizas en sus patios, detalle éste que nos remite al quehacer diario de entonces, cuando el único medio de traslado del campo al pueblo era a caballo y desde el interior de la casa podía escucharse el sonido de cascos por calles y plazas aun empedradas. Todavía podemos ver en muchas de ellas el gran horno donde nuestros antepasados cocían el pan para uso propio, costumbre arraigada que poco a poco iría cayendo en desuso pero que durante mucho tiempo sería requisito indispensable en cada casa. Asimismo, en aquellas en las que aún se mantiene la antigua cocina, pueden verse grandes poyetes de piedra y lanchas donde probablemente nuestros abuelos amasaban y daban forma a la harina para su posterior cocción. Tradiciones muy arraigadas que poco a poco fueron perdiéndose pero de las que aún podemos dar fe gracias a la conservación de antigüedades que hoy parecen querer recobrar vida por su perfecto estado y conservación.
El mobiliario incluye a menudo reliquias familiares y parece estar en perfecta sintonía con el resto de la decoración. Muebles en su mayoría de estilo alfonsino e isabelino (S.XVIII-XIX), que parecen rezumar a través de su madera ese aire de solemnidad que preside toda la casa, piezas únicas heredadas por distintas generaciones que dan vida a salones y alcobas.
Cuando uno visita el interior de una de estas casas parece como si en cada rincón de la misma respirara un ambiente distinto , como si de los pasajes de un libro de historia se tratara. Y es que realmente cada habitación , cada salón o pasillo tiene su historia, su pintura, su mobiliario, su propio encanto...
En cuanto al aspecto externo de nuestras casas, en su mayoría predomina la fachada encalada y abalconada, algunas portadas de canterías y vanos adintelados, con detalles que hablan de una clara influencia andaluza.
Al lado de éstas ,en el pueblo aún podemos visitar otras muchas casonas antiguas que sin llegar a la riqueza arquitectónica y desmesurado lujo de éstas , aún mantienen todo el encanto y sencillez que las caracterizó antaño. Propiedad de las clases menos pudientes, suele primar en ellas el estilo simple y rústico para cumplir las necesidades básicas de una comunidad casi campesina: suelos de caballerizas que evitaban el resbalo de las bestias en su regreso del campo; bóvedas en forma de paraguas o techos de maderos a veces pintados con temple y con socorridos ganchos donde antiguamente y aún hoy, era colgada la chacina y productos traídos de campo ; espaciosas cocinas con hornos y poyetes para el amasijo y desarrollo de la tradicional matanza ;grandes chimeneas donde familias enteras se cobijaban del frío a la luz de la candela, corrales rodeados de cuadras y establos donde guarecer al ganado... La segunda planta se halla constituida por el conocido “doblao”, no habilitado para la vivienda y destinado como trastero donde guardar utensilios y aperos de labranza ya en desuso. Lugar éste que a veces resulta ser un auténtico museo de reliquias y objetos antiguos que nos remiten a tradiciones muy arraigadas en la zona , y que nos hablan de la vida sencilla de entonces en un pueblo donde la principal actividad y sustento de muchas familias se fundamentaba en la agricultura. Costumbres y tradiciones hoy perdidas que merece la pena recordar y aun , si ello fuera posible, recuperar.
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